Con mi carta, ¡no te metas!

Han sido días complicados para los venezolanos. El equilibrio adquisitivo no termina de darse para el grueso de la población y los problemas generados por la precariedad de los servicios públicos lejos están de resolverse; por lo contrario, en algunos estados se agravan. En medio de esto, la gente siente que el liderazgo político habla y se interesa por temas, que en lo absoluto, tienen que ver con su difícil cotidianidad.

En medio de la fragmentación, desarticulación y renacimiento de la antipolítica en el país, 25 venezolanos de gran reconocimiento público se han atrevido a redactar una carta dirigida al mismísimo presidente de Estados Unidos de Norteamérica, Joe Biden, en la que solicitan el levantamiento de algunas sanciones y el cambio de óptica en relación al conflicto político venezolano de larga data.

Inmediatamente a la realización de este paso, hemos visto un montón de reacciones declarativas, tanto en medios de comunicación tradicionales como en redes sociales. Inclusive, hasta se ha presentado una especie de “contracarta” en la que se solicita mantener las sanciones contra el régimen de Nicolás Maduro.

Ante un evento de esta naturaleza cabe analizar el trasfondo de la magnitud con la que ha sido tratado el tema, aun cuando está claro, y los mismos autores lo han planteado así, que es solo un paso dado ante la ausencia de estrategia y acciones concretas por parte del liderazgo opositor, que ha generado parálisis en las posibilidades de avanzar en acuerdos que permitan salidas articuladas. Cualquier paso, por más pequeño que sea, que fomente una reactivación del debate público debe ser bienvenido. Pero cuando este debate se circunscribe estrictamente a reacciones y no se ancle a propuestas por una parte, y por la otra, los argumentos son ofensas y descalificaciones personales, la cosa no acaba bien.

El enfrascamiento del liderazgo político opositor en temas internos y en peticiones que hasta ahora, no han sido posibles de alcanzar, han roto los apoyos partidarios y las conexiones emocionales asociadas al cambio real en Venezuela. Este `mirarse en el ombligo´ está teniendo consecuencias políticas de amplio espectro. Una de ellas es la reaparición con muchísima fuerza del fenómeno de la antipolítica.

Cuando surgen iniciativas que abren el debate público, obviamente, se favorece el ejercicio ciudadano y las posibilidades de articular a una sociedad que quiere cambios importantes y sustanciales en el estatus institucional del país. Por lo tanto, la carta de los 25 es una clara provocación al debate propositivo y a la búsqueda de nuevos caminos para avanzar y contrarrestar la parálisis actual que perjudica, primeramente y mayoritariamente, al grueso de la población vulnerable venezolana. No pretenden los 25, ser los protagonistas sino más bien, los promotores de la reapertura de la discusión centrada en las necesidades reales de la población y no en las abstracciones que alejan a la política de la ciudadanía.

Con mi «carta no te metas» es una forma inteligente de decir que el liderazgo no puede seguir tan desfocalizado de la realidad y mucho menos burocratizado a tal extremo, que le impida romper la trampa de la posverdad que señala que Venezuela se está arreglando. Rebotar no significa arreglo ni mucho menos. La complejidad de la recuperación pasa por un proyecto de país inclusivo y reconciliado sobre la base del juego democrático.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

Del mismo autor: Cubicar la acción política

 

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