¿Qué pueden enseñarnos los pueblos indígenas sobre el Alzheimer?

Mientras los científicos de todo el mundo buscan respuestas para tratar el Alzheimer y otras enfermedades mentales, un nuevo estudio revela que dos grupos indígenas de la Amazonía tienen una de las tasas de demencia más bajas del mundo. Un equipo internacional de investigadores encontró que entre las personas mayores de las comunidades Tsimane y Moseten, solo alrededor del 1% sufre de Alzheimer. En contraste, el 9,3% de los mayores de 65 años que viven en Venezuela tienen la enfermedad, según Delphi Consensus Study.

La población Tsimane (unas 17.000 personas) permanece físicamente activa a lo largo de su vida, ya que pescan, cazan, cultivan con herramientas manuales y recolectan alimentos de la selva. Por su parte, los 3.000 Moseten también residen en aldeas rurales y se dedican al trabajo agrícola de subsistencia, pero a diferencia de los Tsimane, viven más cerca de las ciudades y tienen escuelas, acceso a agua potable y servicios médicos.

“Algo sobre el estilo de vida de subsistencia preindustrial parece proteger a los Tsimane y Moseten de la demencia”, indicaron los autores del reciente estudio. Los investigadores utilizaron imágenes de tomografía computarizada cerebral, evaluaciones cognitivas, neurológicas y cuestionarios adecuados para su cultura, que fueron facilitados por un equipo local de traductores y médicos bolivianos, para diagnosticar la demencia y el deterioro cognitivo entre ambas comunidades indígenas.

El artículo científico publicado en Alzheimer’s & Dementia: The Journal of the Alzheimer’s Association, reportó que en los mayores 60 años, alrededor del 8% de Tsimane y un 10% de Moseten, mostraban deterioro cognitivo leve, que generalmente se caracteriza por una etapa temprana de pérdida de memoria o disminución de otras habilidades cognitivas, como el lenguaje o la percepción espacial. Los autores se sorprendieron al descubrir que, los participantes del estudio con demencia o deterioro cognitivo leve, frecuentemente tenían calcificaciones inusuales y prominentes de sus arterias intracraneales. Adicionalmente, estos participantes del estudio mostraban con frecuencia síntomas de Parkinson durante los exámenes neurológicos y déficits cognitivos en la atención, la conciencia espacial y las funciones ejecutivas (habilidades mentales que incluyen la memoria y el autocontrol).

Aunque las calcificaciones vasculares eran más comunes entre las personas con deterioro cognitivo, los investigadores también las observaron en las tomografías computarizadas de las personas sin demencia o deterioro cognitivo leve. Dicen que se necesita más investigación para comprender el papel de los factores vasculares, así como los trastornos infecciosos e inflamatorios, que son muy frecuentes en estas poblaciones, junto con otros riesgos de demencia. Con este fin, el equipo de investigación está regresando actualmente a todos los pueblos de Tsimane y Moseten para volver a visitar aquellos que fueron evaluados previamente.

Los autores del reciente trabajo compararon sus resultados con una revisión sistemática de 15 estudios de poblaciones indígenas en Australia, América del Norte y Brasil. Esa revisión anterior determinó una prevalencia de demencia en indígenas que oscilaba entre el 0,5 % y el 20 % entre los adultos mayores. El hecho de que las poblaciones indígenas en otras partes del mundo tengan altas tasas de demencia puede deberse a una mayor cantidad de contacto y adopción de estilos de vida de sus vecinos no indígenas, indican los investigadores.

El envejecimiento es el factor de riesgo más importante para el Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas. Otros factores apuntan hacia la hipertensión, la diabetes en la edad mediana, las enfermedades cardiovasculares, la inactividad física y, más recientemente, la contaminación del aire como las principales causas de riesgo para la enfermedad de Alzheimer.

Según las estimaciones, el envejecimiento de la población mundial, junto con la proliferación de esos factores de riesgo, conducirá a triplicar la cantidad de personas con estas enfermedades en todo el mundo para 2050, superando los 152 millones de casos. “Estamos en una carrera por encontrar soluciones a la creciente prevalencia de la enfermedad de Alzheimer y las demencias relacionadas”, dicen los autores del estudio. Sin duda, observar estas poblaciones indígenas aumenta y acelera nuestra comprensión de estas enfermedades y genera nuevos conocimientos.

Los factores de riesgo son extremadamente bajos entre las poblaciones de Tsimane y Moseten. Esta distinción puede estar relacionada con su estilo de vida de subsistencia. Investigaciones previas publicadas en The Lancet mostraron que la gente de Tsimane tiene corazones extraordinariamente sanos en la vejez y la prevalencia más baja de aterosclerosis coronaria (una enfermedad que se manifiesta en forma de depósitos de grasa dentro de las arterias) de cualquier población conocida por la ciencia.

Otro estudio publicado el año pasado en The Journal of Gerontology, dirigido por Andrei Irimia, también coautor de la nueva publicación, reportó que los Tsimane experimentan menos atrofia cerebral que sus pares norteamericanos o europeos. Los investigadores dicen que el estilo de vida relacionado con la falta de actividad física y las dietas ricas en azúcares y grasas, contribuyen a las enfermedades cardíacas y también pueden acelerar el envejecimiento cerebral.

Los Tsimane también hacen mucha actividad física. Por ejemplo, los habitantes del Amazonas realizan más de 15.000 pasos por día, mientras que las personas en las grandes urbes hacen de 3.000 a 5.000 pasos. Así que, sigue siendo válido aquello de `mente sana en cuerpo sano´.

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