Francia se prepara para sus elecciones presidenciales; Emmanuel Macron permanecería con la banda, según encuestas

En un mes el presidente de Francia, Emmanuel Macron, se medirá nuevamente en las urnas para defender su proyecto político, mientras candidatos de varias tendencias quieren remplazarlo en el Palacio del Elíseo.

Sin embargo, las encuestas demuestran que todo se definiría entre la tendencia del centro (en este caso cae en él), de derecha y extrema derecha.

La más opcionada para provocarle problemas es la conservadora Valérie Pécresse, sin embargo, todas las encuestas indican que en primera vuelta (10 de abril) Macron pasaría como primero y en segunda vuelta (24 de abril) vencería a cualquiera. Luego de ella estarían los candidatos de extrema derecha: Marine Le Pen –a quien Macron venció en la segunda vuelta de 2017– y Éric Zemmour.

Macron sería así el primer presidente reelegido desde Jacques Chirac, en 2002.

Para Regis Dandoy, profesor de Ciencias Políticas y Estudios Europeos en la Universidad San Francisco de Quito, esta elección tiene pocas diferencias con la anterior. Una es que el mandatario en funciones (Francoise Hollande) no fue candidato, ahora sí. Otra sería el cambio en el sistema de partidos, ya que Macron llegó con uno nuevo (República en Marcha, centrista) y cambió los pesos, debilitando mucho al Partido Socialista (de línea socialdemócrata) y venciendo a la dividida derecha y extrema derecha.

Dandoy recuerda que Macron es un liberal europeo que viene desde la centroizquierda, pues fue ministro de Economía de Hollande y en ese tiempo era visto como alguien que estaba a la derecha dentro de la izquierda. Por eso, cuando inició su proyecto centrista se llevó a buena parte de los políticos y de los votos socialistas.

Al pensar sobre por qué no ha aparecido una figura que le pueda competir la banda presidencial, Dandoy comenta que él logró prevenir la aparición de candidatos que se podrían oponer a su proyecto, enfocando el debate no a las fuerzas democráticas sino contra los candidatos extremistas, haciendo muy difícil que otros actores a la izquierda o a la derecha puedan sobresalir en el panorama político. Además ha tenido la suerte de que los dos principales partidos, el Socialista y el Republicano (centroderecha), están muy divididos.

“Hubo dificultades, como con cada presidente, pero hizo una buena presidencia y los partidos de la oposición no lograron encontrar la receta mágica para ganar, además de que estaban entre oponerse a Macron y su partido y colaborar con ellos para poder compartir un poquito del poder. Entonces se puede explicar la estrategia de Macron en el combate contra los extremistas para polarizar el debate y aprovechar la debilidad estructural de sus principales competidores a izquierda y derecha”, apunta Dandoy.

Actualmente Francia, pese a la pandemia, ha mantenido su economía estable y es la segunda fuerza en esta área en la Unión Europea (UE) tras Alemania. Sin embargo, en el campo militar es la primera fuerza del bloque y la única de los 27 con bombas atómicas propias y con poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

También la salida de Reino Unido de la UE hizo que el eje dominante en el bloque sea solo de dos (París y Berlín), aumentando más el grado de importancia de Francia en el bloque y en sus políticas internas y externas, dejándolo en una posición mejor que hace cinco años.

Esto, sumado a la intención de Macron de mejorar la imagen e influencia de Francia en Europa y el mundo, a diferencia de sus dos antecesores, ha hecho que reciba mucha atención y apoyo.

Michel Levi, coordinador del Centro Andino de Estudios Internacionales y del Módulo de Estudios Europeos Jean Monnet –considerado uno de los “padres de Europa”–, dice que no hay que olvidar que Francia es una de las primeras potencias del mundo.

Levi comenta que la elección en Francia es algo muy importante en la política internacional y tiene vinculación con todo, hasta con el conflicto entre Ucrania y Rusia, puesto que Macron es el presidente que mantiene contacto directo con el presidente ruso, Vladimir Putin, para tratar de buscar opciones mientras apoya varias de las sanciones de la UE.

“Francia a nivel de industria, de producción de bienes y servicios, de todo, es una potencia mundial. Hay muchas personas que piensan que es una potencia en decadencia, pero no, es incluso más potencia que Rusia a nivel global. Por ese lado no cabe duda de que es un país que tiene una capacidad de influencia en muchos países del mundo muy fuerte. Incluso en los Estados Unidos pueden hacer muchos chistes de Francia, pero es un país al que respetan muchísimo”, dice Levi, quien cataloga a Macron como un liberal moderado, lo que le permite tener una visión pragmática en temas de economía y su relación con la gestión social, algo importante en un país muy proteccionista hacia los sectores sociales.

Levi añade que en el tema de la relación Francia-América Latina, en el periodo que termina Macron solo ha venido una vez por una cumbre del G20, a diferencia de otros mandatarios franceses –Francoise Miterrand (1981-1995) fue el que más potenció esas relaciones–. Sin embargo, varios presidentes de la región lo han visitado en París para cerrar acuerdos y generar sinergias. Tenerlo de aliado siempre es un punto a favor.

“Todo el mundo lo ve. Francia es, después de Estados Unidos, el país que tiene más embajadas en el mundo… El actual secretario de Estado (como un canciller) de EE. UU., Antony Blinken, se formó en Francia”, apunta Levi, quien opina también que para EE. UU. puede en ocasiones ser un dolor de cabeza porque Francia nunca va a comulgar con sus ideas como ellos quisieran, pero los franceses siempre van a influenciar en la promoción de equilibrios de poderes, motivados por un pensamiento cartesiano.

En definitiva, quien ocupe el Elíseo sigue siendo un actor clave en las relaciones internacionales. (I)

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