¿Cuál es el verdadero apoyo de Venezuela a Rusia?

Un gran peligro para Venezuela podría darse si llega a concretarse un apoyo oficial a Rusia por parte del gobierno nacional.

Hasta el momento, Maduro y otros pocos actores del oficialismo han expresado su solidaridad irrestricta a Putin, tras la invasión rusa a Ucrania y que tiene crispados a la Unión Europea, EE UU y a todos los países miembros de la OTAN, desde el pasado 24 de febrero. Muchos de estos, consideran la abatida bélica, como la más importante desde la Segunda Guerra Mundial. Algunos, incluso aseguran que es el comienzo de la Tercera Guerra Mundial.

El 16 de febrero, pocos días antes de la invasión de Rusia a Ucrania, el presidente Maduro se reunió en nuestro país con el viceministro de Defensa ruso, Yuri Borisov, y acordaron entre otros puntos, reforzar el apoyo militar y geopolítico a ese país, reforzando la presencia militar de Rusia en Venezuela, Cuba y Nicaragua. Asimismo, Maduro se solidarizó con Putin —de palabra—, en una llamada telefónica que le hiciera el 1 de marzo.

De acuerdo con Maduro, Venezuela se debe a Rusia porque ha defendido a nuestro país contra la “furia” imperialista yanqui. Mientras esta manifestación se quede en el plano retórico, en elogios para con su homólogo Putin y dando caricias políticas a la asimétrica invasión de Rusia a Ucrania, estamos en un plano meramente demagógico, que en el mundo de la comprensión y lectura diplomática internacional poco peso tiene.

El verdadero apoyo

Si el gobierno venezolano envía material bélico o algún tipo de ayuda logística a Putin, esto sería interpretado por la OTAN como un apoyo real a Rusia. Y un apoyo diplomático, si la Cancillería o la Asamblea Nacional, se pronuncian a favor del reconocimiento de las regiones ucranianas del Lubán, Donetsk y Luhansk, como Estados independientes.

Los pronunciamientos de Cancillería y de la Asamblea estuvieron a punto de ocurrir en semanas pasadas, pero una “mano peluda”, en un acto de prudencia sin precedentes, intervino para diferir el asunto para una mejor ocasión.

Tengamos claro unos puntos, Venezuela no tiene ni la capacidad armamentista ni económica para apoyar a Rusia de manera real.

Rusia no sólo ya cuenta con uno de los poderíos bélicos más robustos del planeta en términos de fuerzas terrestres, naval y aérea, sino, que, además detenta una fuerza nuclear más poderosa que Norteamérica y China.

Además, tiene robustas reservas internacionales y autoabastecimiento alimentario, como para aguantar una prolongada guerra y sanciones de todo tipo.

Venezuela poco puede aportar y en todo caso podría brindar al monstruo de los Balcanes, más allá de amor y caricias, es un enclave geopolítico sin igual en el continente americano, y esperamos que no ocurra, ni “en la pea más atrinca” que puedan agarrar nuestros dirigentes.

En caso de que al gobierno venezolano tan siquiera se le ocurra traspasar sutilmente las barreras verticales que ha puesto la OTAN respecto al apoyo a Rusia, las consecuencias no tardarían en verse, pudiendo traducirse desde sanciones todavía más salvajes contra nuestro país, hasta una invasión en nuestro territorio por parte de los gringos; aquella tan aclamada por la oposición radical.

Por ahora, los gringos, de acuerdo con el gobierno colombiano, único miembro latinoamericano de la OTAN, en lo que han llamado ejercicios militares han hecho un despliegue de la armada americana, submarino nuclear incluido, en las costas caribeñas de Colombia, como para amedrentarnos un poquito, pues.

Consecuencias de la guerra para Venezuela

Nuestro país apenas está comenzando a remontar la gravísima crisis económica que empezó con la hiperinflación en 2017, viendo el año pasado un modesto crecimiento de la economía y cierta estabilización de variables macroeconómicas como inflación y devaluación. 

El país cuenta hoy con magros ingresos procedentes de una industria petrolera que comienza a recuperarse, la exportación de oro y otros minerales como el coltán y el uranio, así como de rubros no tradicionales como la “chatarra”, a lo que se suma una creciente suma en remesas de los más de 6 millones de migrantes que dejaron el país, porque estaban pasando mas trabajo que “ratón en saco de clavos”.

Nuestros principales clientes no están en los Balcanes sino en Asia, siendo los chinos, los malayos, y en menor medida, los indios los que compran nuestros productos a precio de descuento y una vez que llegan, para evitar las sanciones comerciales, borran la indeseable nacionalidad de origen venezolana, a través de cambios de bandera marítima o haciendo operaciones en altamar de traspaso de la mercadería barco a barco.

Por otra parte, los aliados comerciales de Venezuela que han ayudado a la recuperación de nuestra industria de hidrocarburos, no son los rusos, sino inversionistas del Medio Oriente, iraníes, saudís, cataríes, emiratíes; y uno que otro chino, que, de manera abierta o escondida, han hecho de las suyas en Venezuela.

Desde hace mucho tiempo, Rusia dejó de ser un aliado comercial de Venezuela, ya que poco necesita de nuestros bienes y servicios, porque están “buchones” de los mismos y buscan quien les compre, no quien les venda.

Cada Sputnik que ha entrado a Venezuela ha sido cobrada por adelantado, ya que frente a los rusos tenemos fama de “malapaga” y aun les debemos 3 mil millones de dólares por concepto de fiados e intercambios comerciales pasados.

Lo que sí debemos agradecer a los rusos es la ingeniería financiera que desde las sanciones han permitido hacer los cobros a nuestros clientes de exportación, a través del sistema de pagos rusos (russian payment system), que sin dejar traza alguna en sistema de comunicación interbancario universal switf, nos permite evadir las sanciones gringas, cobrar a los compradores y hacer pago a proveedores, así como traernos grandes cantidades de dólares en cash que inyectamos al sistema financiero.

Esta labor de ingeniería de pagos se hace también con Turquía, así como actualmente con algunos países del Medio Oriente. Los vuelos de Turkish Airlines a Estambul y de Conviasa, a Moscú y Teherán, en muchas oportunidades trasladan pocos de pasajeros, pero las bodegas van cargadas de oro cuando despegan hacia esos países, y de regreso a la patria, aterrizan con pingues cantidades de dólares y euros en cash.

En los últimos días, el discurso de Maduro ha tomado un matiz más conciliador, invitando a la reflexión y negociación entre ambas partes en conflicto. Aseguró que estaría dispuesto a vender petróleo y gas a EE UU, incluso hubo una reunión de alto nivel entre autoridades nacionales y la administración de Joe Biden, para tratar de “separar a Venezuela de afinidades con Rusia” y llegar a acuerdos respecto a un posible intercambio petrolero. Ahora, ambas delegaciones han realizado declaraciones de buena fe respecto a la posibilidad de reanudar el diálogo de México, recuperación de la producción petrolera venezolana, así como de la liberación de algunos presos de CITGO.

Dado los altos precios del petróleo, la economía nacional podría verse favorecida, si se tienden nuevos puentes comerciales con los gringos. Está por verse si el gobierno aprovecha esta “patadita americana” y logra aliviar las sanciones y hasta se hace de una platica yanqui.

Oficialistas y opositores venezolanos hacen del conflicto ruso en Ucrania, un asunto para ganar capital político tanto dentro como fuera. Esperamos que siga primando la razón en nuestros dirigentes oficialistas y no se agencien de la peligrosa enemistad de la OTAN.

Mientras se desenvuelven aceleradamente los acontecimientos en Europa del Este, vemos con horror como ucranianos, militares y civiles, caen muertos ante las arremetidas rusas, así como militares rusos mueren en una confrontación bizarra, alimentada por ansias imperialistas de conquista y expansión propias del decimonono.

Siguen nuestras oraciones con aquellos que son víctimas de un impensable conflicto bélico motivado por el mero hecho de hacerse con el control y el poder de aquellos que manejan el mundo, tanto rusos como gringos.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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