“Perdimos nuestra vida”: las mujeres ucranianas se enfrentan a un futuro incierto

“Perdimos nuestra vida, nuestra seguridad”, dice Anastasia Kazankina, una abogada que espera frente a un abarrotado centro de refugiados en la ciudad fronteriza polaca de Przemysl. Como a muchas de las refugiadas que huyeron de la guerra de Ucrania, dejando atrás maridos e hijos, ni se le ocurre celebrar el Día Internacional de la Mujer.

“No podemos planificar ningún futuro porque no sabemos lo que habrá mañana”, dice Kazankina, agarrada de su hijo Ilya y de su perra Marsia.

En este aparcamiento, situado frente a lo que fue un supemercado Tesco y que ahora acoge a refugiados, Kazankina, que vino de Kiev, dice que quiere quedarse en Polonia pero que no sabe qué hacer mientras su marido está en el ejército.

Más de dos millones de personas abandonaron Ucrania desde que comenzó la invasión rusa el 24 de febrero. Más de un millón han acabado en Polonia y muchas llegaron a Przemysl desde la ciudad de Leópolis, en el este de Ucrania, a través del paso fronterizo de Medyka.

“Volver algún día”

En el aparcamiento de Przemysl, los autobuses van y vienen, en su mayoría llenos de mujeres y niños que esperan estar por fin a salvo pero preocupados por los que dejaron atrás.

Uno de los autobuses se dirige a Estonia. Vera Verozub, una abuela de Kiev, se acerca a él con dos pesadas bolsas, ayudada por sus nietos de 4 y 14 años. Sus padres se quedaron para “defender el país”.

“Tomamos un tren hacia Leópolis. Desde Leópolis, tomamos el autobús un rato y luego caminamos”, dijo a la AFP, con ojos llorosos asomando por encima de una capucha roja y un gorro, en una mañana fría.

Cerca de allí, Anna Martynova, asistente en una residencia de ancianos del sur de Ucrania, está de pie junto a sus dos hijos después de pasar parte de su viaje en un autobús sin asientos.

“Ha sido duro, llevamos dos días de viaje. Hubo interrupciones, nuestras vías están destruidas, los puentes de las carreteras están destruidos”, dijo a la AFP.

Martynova es quizás afortunada porque su marido ya vive en Polonia, trabajando en el ferrocarril.

Yulia Sokolovskaya, en cambio, explica que tuvo que dejar a su cónyuge cuando abandonó su ciudad natal de Járkov, bajo las bombas, junto a su hijo de siete años.

“En Ucrania, pasamos algunos días en el metro porque era peligroso salir a la calle”, dijo a la AFP. Ahora espera poder ir a alojarse con unos amigos en Italia -”un buen lugar para descansar”- pero su optimismo se desmorona cuando recuerda a su marido, que tuvo que quedarse.

“No puede salir del país, sigue allí. Compruebo cada hora si está bien”, dice, rompiendo a llorar. “Dejé toda mi vida allí y realmente espero poder volver algún día”. (I)

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